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۞VICENT Y ESTEFANÍA ,14 DE AGOSTO DE 2016۞


sábado, 6 de septiembre de 2014

Querida Estefanía, 


Sabía que esto pasaría, era totalmente predecible y, efectivamente, no puedo quitarte de mi cabeza. Cada gesto, sensación, aroma, visión…todo me recuerda a ti. Supongo que es porque te tengo presente en cada momento de mi vida, porque formabas parte activa de esa vida y ahora, sin ti, todo me sabe amargo. 


 Ayer subí al cabo de San Antonio. Sabes que para mí es un lugar especial. Sus vistas son privilegiadas y el turquesa del mar se confunde con el celeste del cielo. Es inmenso y eso que solo hablamos de un mar ¿Cómo será el océano? Tú estás cerca de él, allá donde estás no quedará en el aire ni una simple brisa mediterránea. Nunca he soñado con ir a Londres, era un viaje que obviamente quería hacer pero no es un lugar que me obsesione. Lo quería visitar porque se tiene que visitar ya el valor arquitectónico, artístico, histórico… que tiene es innegable pero lo veo tétrico, oscuro, denso, cargado… se que puede parecer una afirmación demasiado arriesgada sin conocer el lugar pero es lo que siempre me ha parecido. Ahora que tú estás allí todavía lo deseo menos, no puedo evitar echarle la culpa de nuestra ausencia. Daría lo que fuese de mi desdichada vida sin ti por tenerte cerca y que la distancias fuesen minutos. 


 Hoy, en cambio, el día ha estado tranquilo. Intento sofocar tu ausencia leyendo y leyendo, es lo único que aporta paz y tranquilidad. Ayer por la tarde fui a la biblioteca a por tres libros y ya voy por la mitad del segundo. Los devoró con los ojos pero a veces, entre líneas, mi ojos leen pero mi mente se pierde pensando en ti. He acompañado a mi madre a misa, era una cosa que tenía pendiente y el lugar estaba perfectamente ornado de flores, guirnaldas, alfombras rojas, y pétalos delicadamente puestos a la entrada del templo. Había una boda. Al llegar, podía oler en el ambiente el delicioso olor de la pólvora. Los novios acababan de marcharse en un Rolls Royce descapotable. Se trataba de la hija de Emili, ya lo conoces, de la Hermandad. Pensé: ¡Esto es una señal! Y, cuando termino la misa, otro grupo de gente esperando abarrotada la llegada de otro coche antiguo. Otra boda, esta vez, no sabía de quien… Por la tarde he ido cerca de la Drova, justo a su lado opuesto, donde está el Cingle Verd, esa preciosa montaña a la que Piera le dedicó una obra. He caminado cinco kilómetros entre barrancos llenos de cantos blanquecinos y maquias que crecían por doquier, sintiéndose dueñas del lugar. Al final del recorrido; un arco. Nada parecido a los que aparecen en las Iglesias, este no había sido tallado por la mano del hombre, sino por el viento, arrebatador y castizo que por miles de años ha erosionado una piedra hasta darle la preciosa forma de una arcada. Había un bosque de pinos marineros. Era precioso. Nada más verlo pensé en la lástima no haber ido nunca contigo a ese lugar. Ahora he anotado en mi corazón otro de los muchos lugares que quiero descubrir junto a ti. 

 Estefanía, se me hace eterna esta espera. No me hacía falta una ausencia como esta para reafirmar que te amo con toda mi alma. Eso es algo que ya sabía pero que cada día fortalezco más. Te necesito, te necesito cada día. El simple acto de vivir me parece una absurdez si no estás junto a mí. Siempre me pregunto, ¿qué he hecho todos estos años sin ti, cómo he podido vivir? 

 Siempre tuyo, para la Eternidad.

2 comentarios:

  1. Preciosa carta caballero. Me alegro de su vuelta, aunque el blog haya tomado un nuevo giro.

    Isolda

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